Muchos son los rostros que usted puede encontrar en Campus Party, todos con una particularidad: Están tras una pantalla y todos miran al frente.
Un evento como éste muestra todo lo que se puede hacer tras una pantalla, con un montón de ganas y sin necesidad de estarse moviendo para todos lados. Desde los que se sientan a escribir, como este personaje que está acá mirando a todos lados para encontrar las palabras, hasta el que hace el modelado más teso en 3D.
Y aunque se pueden ver trabajos muy calidosos, no pueden faltar los juegos, las risas, las malas caras, los gritos, aplausos. Porque aparte de que muchos vinieron a trabajar, otros simplemente vinieron a disfrutar de esta estadía en Bogotá para cambiar de ambiente, asi sea haciendo lo mismo que hacen en sus casas.
Es ahí donde uno se empieza a hacer preguntas y la más fuerte gira en torno a: ¿Por qué paga uno tanto para venir a encerrarse en un pabellón a hacer lo mismo que hace en la casa?, porque aunque hay conferencias, hay unos que ni se inmutan y no sueltan su computador, porque están trabajando o tal vez si, pero lo harán para comprar comida, los que comen, o para ir al baño.
Campus Party es una reunión, de gente que comparte, que se enoja, algunos se dedican a caminar por la arena buscando conferencias y en esas conferencias, algunas cargadas de conocimiento y otras sólo de ego, está la matriz del evento, ese que habla de darle el conocimiento a otro para que lo conozca, donde nos hemos encontrado debates tan ardientes como el que se hizo para hablar de una legislación a la red o uno tan soso y lleno de humo, de esos expertos que sólo hablan desde el Yo, como es el manejo de redes de una empresa.
El area de Social Media es la más llena de especulación y es donde los egos se golpean, porque cada quien tiene una manera de ver este campo que se reinventa a cada rato. En el resto, todos dispuestos a escuchar y preguntar técnicamente cómo se hace eso o aquello.
Igual, aunque tras los computadores parece que se ocultaran robots que hacen lo mismo todo el día, que dejan de ser personas para caminar por esas autopistas de información, unos en autos más lujosos y mejor engallados que otros, todos buscan la misma solución o la misma llegada, hacer de la vida digital una manera de ser que se pueda mostrar al resto del mundo y que esos encasillados aprendan a entender.
El reproductor de video ha parado. Una hora veinticinco (1:25) dura “Impunity”, la última película de Hollman Morris y Juan José Lozano, que nos muestra cómo va el capítulo de la guerra que algunos llaman “Paramilitar” y que en últimas es la guerra del Estado y sus “dueños” contra los pobres en Colombia.
Uno termina con el corazón arrugado, los ojos más que aguados, con la sensación de vacío más gigante que se pueda tener. Seguro algunos dirán que esa no es la Colombia en la que ellos viven; y yo reconozco que sí, pero ya casi sin ganas de seguir insistiendo me asusto de estar haciendo una vida bonita en medio de una sociedad enferma que aún, ni siquiera eso, ha reconocido su enfermedad, sus horrores.
Aquí se puede bajar (hasta que alguien diga lo contrario) el documental largo (con locución en Francés) que se anda paseando por las salas del mundo, y conmueve, y derrumba, o incomoda y emputa, pero que sólo es la radiografía de una de las impunidades de Colombia. Una. La más grave. La más honda. La última. Un proceso de paz fallido, corrupto, lleno de engaños, hecho como lo hacen los hombres del hampa: a punta de traiciones.

Colombia es un madre llorando desconsolada contra un vidrio transparente que todos observamos con cara de indiferencia. Colombia es un dolor profundo que la divina providencia nos mandó a punta de machete, motosierra y fusil, porque nos quiere mucho. Colombia es la excelencia en la ciencia forense, porque los escritores de CSI no se imaginan las historias que las madres de sus hijos, las esposas de sus esposos, los hijos de sus padres, los padres de sus hijos desconocen, y que todos los asesinos que se hacían pasar de noche como ganaderos o empresarios o políticos han sabido ocultar, descuartizar, quemar, desplazar, matar y contramatar.
Yo no creo mucho en zombis. Incluso me parece una idea estúpida del mundo moderno, de esos que no van a cine a ver historias reales porque para eso ven noticias o bajan las ventanas polarizadas del carro y se inventan que los muertos resucitan y comen cerebros, todo para no hablar de las guerras mundiales, de las violaciones en las montañas del trópico, de las masacres a punta de tambores y gritos de muertos y masacradores.
Pero muy bien pregunta la seño, la madre que llora a su hijo/hermano/yerno/amigo/esposo/amante/vecino cuando después de tantos años, y de ser una de las pocas afortunadas porque a alguien se le conmovió el corazón y sapió una fosa y encontraron un cuerpo que concuerda con un ADN que ella buscaba y que se lo entregaron en una caja más grande que la bóveda: “¿pero queda seguro?” El sepulturero le responde que eso va con tornillos, que hay seguridad las 24 /7.
Pero ella está en lo cierto. Colombia tiene policía, que también se alió para matar y torturar, y es en este país en que vivimos, que se merece de una vez por todas, y no es por demeritar a Morris y a Lozano, una película de zombis. Que los cientos de muertos que hay escondidos en el suelo de esta tierra, se levanten de una vez y para siempre, y vayan por los cerebros de los mal-paridos, y que se coman la vida de sus victimarios, que se traguen el alma de cada colombiano que no ha hecho lo suficiente para pactar una vida feliz y tranquila con sus semejantes.
JuanSe sigue contándonos las noticias que da el país desde su perspectiva.
Esta semana:
Husos horarios trocados y conversaciones por skype entre lágrimas y sonrisas. Correos electrónicos archivados desde hace mínimo 2 o 3 años. ¡Quién sabe!, hasta más. Un Facebook que recuerda cada una de tus palabras en chats y mensajes privados, una timeline de Twitter que define depresiones, euforias, aburriciones en un perfil complicado de definir.
Cuando se inventaron el correo electrónico, pensamos que nadie iba morir ya esperando una carta que no iba a llegar, pero nunca nos imaginamos tardes enteras dando click en la bandeja de recibidos esperando el mensaje que probablemente nadie ha escrito. Pensamos y nos ilusionamos con un mundo conectado, instantáneo que haría nuestra vida mas fácil, un mundo a solo un click de distancia. El correo electrónico se volvió un diario: ahí se consulta en el search, sobre cualquier cantidad de temas e intereses de nuestra vida de los últimos tiempos. Ahí están las cartas de amor, los mensajes de negocios, las lágrimas a nuestros amigos, el spam de las mamás. Todo guardado, en vez del cajón inseguro de la mesita de noche a los ojos y manos de novi@s indecentes y madres metidas, en un servidor en California entre ceros y unos y luces de neón con aires acondicionados.
Sin embargo los novi@s siguen siendo celosos de algunas privacidades y las madres o amig@s siguen metiendo a nariz donde no corresponde y los adolescentes siguen haciendo bromas crueles. Así qué por más lejos que esté ese diario de vida, sigue siendo un cajón que se abre con una pregunta obvia, como cuál es el nombre de tu primera mascota, o el apellido de tu primer novio, o peor aun, en qué año te has graduado del colegio.
Pero, ¿A qué idiota se le ocurren estas preguntas? Si quienes van a violar nuestra privacidad sin duda no son hackers o ciberterroristas o peor aún, mercaderes de identidades, a menos que seamos ricos y famosos. Quienes quieren abrir esos cajones son los mismos de siempre, los que saben todas esas respuestas y que en una noche de soledad y furia, deciden que al gato lo ha matado la curiosidad y se vencen al morbo que significa conocer todo lo que esta ahí escondido, asi no haya nada o esté todo. Y no importa el precio.
Sin duda ahí hay cosas desagradables, por decir lo menos, el que busca encuentra. Ahí habrán furias, desahogos, entre otras cosas y por qué no, infidelidades, cartas escritas y nunca enviadas, datos que nadie, nadie debería saber. Secretos que deben permanecer como eso. Pero no, siempre habrá alguien que quiere ver donde no debe y luego hará sin duda los reclamos pertinentes, no sin antes, pedir perdón por la indelicadeza, pero luego reclamar por nuestros secretos más vergonzosos. Y, ¡Atención! siempre existe el riesgo de que no lo confiesen, aun después de armar los escándalos pertinentes.
Y del correo electrónico, pasamos al Facebook que decidió recordar cada una de nuestras palabras, como quien ni perdona ni olvida. Nos enseñó Borges que era mejor no tener una memoria prodigiosa como Funes, y la vida misma, nos enseña que es mejor olvidar lo vergonzosos que alguna vez hemos podido ser, las palabras necias que cualquier día se dicen con cualquier conocido en Facebook. Olvidar nos permite no cargar eternamente con las culpas de ser quienes somos o lo que no hemos sido capaces de ser. Somos lo que somos porque precisamente, olvidamos un poco lo que fuimos.
Pero qué tal, que ya cada vez que le envía un mensaje a alguien, digamos de cumpleaños, y que con este personaje el último mensaje fue algo que ya no corresponde con su forma de pensar, y su morbo por el recordar lo hace devolverse en el scroll y entonces, si, usted o yo, nos sonrojamos de las cosas que en esos años (si, años ya) decíamos o pudimos decir. Imagine eso con un exnovi@, o que tal, un ex-amante, o esa “mejor amig@” con la que se pelió por una estupidez. Cuantas guarradas, cursilerías o crueldades que usted quiere olvidar está guardando Facebook para que a cada vez que usted toma contacto con alguien, se le recuerde y eventualmente se le cobre como se debe una y otra vez.
Yo propongo preguntas menos tontas y que a Facebook lo obliguemos a tener amnesia colectiva y así seguro se ahorran espacio en los discos duros y nosotros nos ahorramos insomnios llenos de culpas o risitas nerviosas. Pero claro, es que hemos caído en un juego de sistemas y redes del que es díficil hoy salir. Digamos aun si uno no tuviera nada que esconder, hay hilos siempre enredados entre una cuenta y otra, la de Gmail, la de Hotmail, la del trabajo, la de Hotmail que esta con la de Facebook, e imagine de nuevo o recuerde si ya le ha pasado, como es restituir todas esas contraseñas en un lado y el otro y sentir la paranoia, de que ya nada es seguro. Ni lo será de nuevo.
Y ¡Facebook! que es una vida publicada, exhibicionista, pornográfica casi de nuestras vidas privadas, en las que sonreímos con unos y otros, en la que se muestra claro, nuestro lado más amable, como si la vida solo fueran sonrisas y viajes a París. ¿Quien pone las fotos de la abuela muerta, o el hermano golpeado? Un muro de las adoraciones donde claro, se “habla” sin hablar con viejos conocidos, pero también, el muro en el que se fijan los ojos inquisidores de novi@s, amantes, exnovios, examigos, enemigos y viejos conocidos chismosos, donde siempre habrán comentarios de ¡Pobrecito! O, ¡Que puta envidia! O ¡Perra Hp! O ¡Esta si tiene una vida buena!
Aceptando que ya le dijimos sí a ese mundo que se conecta por clicks y contraseñas que siempre son débiles, que defendemos a capa y espada este mundo en el que nos relacionamos de otra manera, donde los ñoños tenemos una cabida sexy en el panorama, en que hay que ser mas impecables y mas transparentes, un mundo en el que coquetiamos por chat, con DMs y trinos sin remitente directo pero públicos para al que le caiga el guante que se lo chante, podemos mirar a los ojos a los que están al otro lado de la cámara, y decir un Te amo tan lleno de Facebook, tan lleno de correos y palabras bonitas.
Aceptando todo esto, aun a mi me gustan las cartas con sellos postales y estampillas viajeras. Guardarlas en el cajón de verdad, sonreír en los días de tristeza viendo una letra mamarracha sobre un papel seguro ya viejo y de vez en cuando hurgar en mi correo electrónico y borrar por siempre, cosas, que de verdad deben ser borradas y olvidadas de hasta la papelera de reciclaje.
Y claro, no se olvide de cambiar las preguntas y las respuestas y como dice el banco, para mayor seguridad, la contraseña con regularidad moderada. Un novi@ se lo agradecerá.
Para todos los que en sus relaciones afectivas han tenido algunos inconvenientes por compromisos mal anunciados, fotos un poco comprometedoras, ojitos mal hechos, o simplemente porque siempre, siempre alguien o uno, quiere saber mas de los demás.
La ONU estima que en el genocidio de Ruanda en 1994 murieron más de 800 mil personas. Esas muertes equivalen al 11% del total de la población de dicho país en esa época. El genocidio fue parte de del “intento de exterminio de la población Tutsi” por parte del Gobierno Hutu.
Lo que yo no sabía, y me ha parecido toda una revelación, es que la semana pasada el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR), con sede en Arusha (Tanzania), ha dictado la primera sentencia por dicho genocidio contra una mujer. Una mujer. Es, además, la primera sentencia contra una mujer por crímenes contra la humanidad.
Se trata de Pauline Nyiramasuhuko, de 65 años y antigua ministra ruandesa de la Mujer y la Familia, que ha sido condenada a cadena perpetua. El tribunal encontró que desde el Ministerio “De la Mujer y la Familia” Nyiramasuhuko y su hijo Arsene Shalom Ntahobaki participaron en la muerte, violación y asesinato de civiles.

No sólo una mujer. Una madre. Y sin ningún problema ordenó y planificó el asesinato de miles de personas. Aplausos para la creencia de que las mujeres son “seres dadores de vida”. Lo hizo, además, desde un ministerio llamado “De la mujer y la Familia”. Bonito eufemismo para la oficina en donde se planificaron tantas muertes.
La noticia nos tiene que llevar a reflexionar, por fin, sobre el papel de la mujer en los peores momentos de la humanidad. Contra la creencia popular, las mujeres, estos seres “creadores de vida” pueden ser más sanguinarias que cualquier hombre.
El asunto es que la maldad, la capacidad de asesinar a sangre fría no son cuestiones inherentes a un género. Se puede ser una mala persona independientemente de tu género e inclinación sexual. Y si eres una asesina y estas en el poder, no importa nada que hayas sido también capaz de tener hijos. La gente tiene que empezar a pensar en eso.
La cultura popular ha asumido que las mujeres somos “siempre buenas”. Las leyes de cuotas que funcionan en muchísimos países y que exigen que haya representantes femeninas en el poder, para contrarrestar el poder masculino tienen que tener en cuenta esto. Si las mujeres queremos que el mundo nos trate en igualdad, se necesita contemplar la posibilidad de que las mujeres sean malas en cargos de poder. Que también pueden robar, matar, asesinar y mentir. Repito, la incapacidad para ser un ser humano decente no tiene por qué vincularse al género.
Yo sé que muchas de esas decisiones se toman para contrarrestar la discriminación en un mundo que es evidentemente machista. Pero esa discusión nos debería llevar a un debate más fuerte: ¿No se debería castigar más fuerte a una mujer que alcanza una posición de poder y NO hace uso del mismo para proteger a sus congéneres?
Diego y Santiago afrontan otra importante conversación en frente de una tienda. Esta vez, sus divagaciones rondan el tema del contacto visual.
El Hombrecasette desempolvó y escudriñó su biblioteca audiovisual y se encontró con “Mi Familia Mía (Retratos de una Familia colombiana)” una joya de documental realizado por Camilo Uribe y Andrés Burgos, inspirados en la particular ramificación de la vida de Camilo.
Ambos realizadores referentes para televisión local y nacional dejaron una serie de obras audiovisuales que marcaron una estética y una formar de narrar particualr.Por eso este homenaje a Camilo Uribe, que se nos fue hace ya varios años como corresponsal del cielo.
Vea además: Gajes del oficio.

En medio de las jornadas de trabajo en un viaje, quedan los traslados de una ubicación a otra y los pocos ratos de descanso para apuntar la mirada al entorno. En una de esas, Daniel Quintero (@quinsal) aprovechó su juguete nuevo nos trajo este paseo por Turbo, Necoclí y Apartadó en el Urabá antioqueño.

En la Casa Creativa Punto Link somos seguidores de la música de Velandia y la Tigra; por eso, luego de algunos Multitomas nos pusimos en contacto con Edson para proponerle hacer algo juntos, y así quedamos en vernos en el Festival Altavoz, invitar a algunos amigos a que llevaran sus cámaras, y entre todos registrar el lanzamiento de El Chulo, una nueva canción.
Nuestros Proyectos