Cabildo Nacional de Juventud, Cartagena 2012

En la ventana vamos viendo pasar las horas, blanco y frío, gentes arrebujadas, luces de casas dormidas en la noche de la carretera, ganado, ciénagas, sonrisas de colores. Que vamos llegando, nos dice el cielo amarillo y un calor que se pega a la piel y te derrite.

Así, soñando, soñando, llegamos a Cartagena al Cabildo Nacional de Juventud, convocado por el Colectivo Marcha Patriótica (que aspira a ser el encuentro de varios procesos culturales, políticos y de resistencia) e invitó a la Juventud que está creando, estudiando, proponiendo y resistiendo en el país, a vernos las caras y escuchar en todos los acentos como se dice ¡Revolución!

Pero, nos quedamos con las ganas. Miren el porqué:

Un evento planeado para tres días de proyectos, discusión y encuentro, se desperdició por el sabotaje y la falta de planeación.

Después de un concierto en la Plaza de la Libertad con Pablo Milanés, casi a la medianoche, los encargados del evento nos cuentan que los hoteles cancelaron las reservas, que no reciben “joven con cara de revolucionario”, que sólo podemos dormir en dos coliseos habilitados para las delegaciones.

Caminamos hacia el “Coliseo Chico de hierro”, que  está cerrado por falta de autorización, y luego nos cuentan que el “Bernardo Caraballo” lo abrió la fuerza y el desespero de algunos.

Allá vamos. Vemos pasar carros de vidrios polarizados tomando fotos. Hay grupitos de polícias, pasan patrullas, logran hacer presión.

En el coliseo la gente acomoda su cambuche donde puede, entre cartones y carpas, con una sabana, sin una sabana, cuñado entre una gradería, en la manguita, al pie de un árbol, o en medio de la cancha, en posición horizontal y con una mano en la cabeza que amortigüe el resplandor de las luces blancas, otros hacen fila en el baño para quitarse el pegote de las horas de viaje.

La gente hizo posible y colaborativa esa noche en medio de la incomodidad y el cansancio (había delegaciones con más de 50 horas de viaje en el cuerpo). Logramos ducharnos con una manguera, o haciendo turnos de lavado y secado en la única ducha habilitada.

Eso para quienes estuvieron en el coliseo, otros durmieron en la playa y se mojaron en la lluvia, y se lavaron la boca por ahí.

Las mesas, que estaban planeadas para discusiones ese día, empiezan tarde (2:00 y 3:00 pm) y la gente está ocupada, comiendo (difícil, poquito y malo) acomodando el sistema nervioso al estado de las cosas. Algunos van a las mesas sin saber aún donde dormirán en la noche, y en los momentos que son posibles los espacios de diálogo se tocan temas importantes, se escuchan proyectos, se sospecha el potencial de un evento que está funcionando a medias.

Las mesas cambian de sitio, hay poca información y la poca que hay es contradictoria. Intentamos llegar a la de “Comunicaciones y Redes del Conocimiento”, pero está lejos, y ni en el sitio donde está la logística, ni en el bus (encargado de recorrer las mesas) los coordinadores saben sí esta funcionando o no, y el trayecto es muy largo (caro) para ir a averiguarlo. Entonces nos quedamos en Bocagrande y hablamos con los jovenes que caminan por ahí encartados de equipaje, que van a los espacios de discusión,  que hacen música, que ven el atardecer, que opinan, que se quejan.

Esa noche a muchos no les resuelven hospedaje y continúan en los coliseos, ya con baños portátiles y agua.

Nosotros encontramos un amigo que nos recibe: tenemos baño, soltamos equipaje y recargamos baterías.

La plenaria planeada para el domingo no se alcanza a llevar a cabo, continúan las mesas un rato en la mañana y en la noche un concierto, y de vuelta a la casa.

Sentimos haber esperado algo que se acabo sin comenzar. Que se quedó en una promesa de un evento que podría ser poderoso, por los acentos , formas y colores de juventud reunida, y que se diluyó en el sabotaje de la gobernación de una ciudad que recibe al extranjero y rechaza los jóvenes con ganas de cambiar el país, y en la falta de comunicación, de logística y autocrítica de los organizadores que: no tuvieron plan B, no supieron comunicar y rechazaban cualquier tipo de crítica a la falta de claridad en el Cabildo.

 “Volveremos al Cabildo Nacional de Juventud, preparados para que el evento no funcione por culpa de egos y excusas bobas (carpa,cobija y baterías), pero con todas las ganas de escuchar, sonreír y hablar con la juventud que sueña (soñamos)“.

Pienso, mientras vamos hacia los buses cantando: “Yo quiero estudiar, para cambiar la sociedad” caminando las calles de una ciudad que en tres días nos quiso bajar la voz.

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