Morir de amor el 29 de febrero

¿Quién se muere un 29 de febrero?

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Supongo que a los que les toca.

Está sola. Es mujer. Es mexicana. Es periodista. El 29 de febrero es el último día.

Los domingos para mí son días para hibernar, especialmente de tres de la tarde hasta el otro día. Día de cine. ‘Año bisiesto’, ponía la página Web de Procinal en Medellín, y el póster es de una mujer, que se toca la vagina, tomada entre las piernas de un hombre.

Luego del respectivo viaje en Circular Sur 302 desde el occidente de Medellín hasta el Centro Comercial Plazoleta Las Américas pensé: “Si esto va a ser como ‘Las edades de Lulú’, me salgo… Y alego que me devuelvan el dinero de la boleta”. Pero oh, sorpresa.

Una mujer hermosa, como hecha de barro cocido, marca los días del  mes de febrero en su calendario, y en rojo, señala el 29. Entre la vida rutinaria de reportera comercial y algunos polvos sin significado, aparece Arturo, que quiere enamorarse. Ella no. Ella quiere morirse.

Quiere morirse el mismo día que murió su padre. El único hombre que permanece en su casa más de una noche.

Cuando pienso en la soledad del hombre pienso en Alejandro González Iñárritu, con Babel y Biutiful. Pero, cuando pienso en el amor de nuestros tiempos, un amor de chats, mensajes de texto y polvos de un rato, a veces malucos y a veces sorprendentes, pienso en Un año sin amor, y definitivamente en esta película de Michael Rowe, del 2010.

A lo largo del tiempo nos hemos ido encapsulando. Somos un pedazo de historia que no cuenta nadie.  Tal vez las páginas de algún diario, si no lees en Internet (Y, dependiendo del estrato, claro está), y de la situación en la que te haya encontrado el reportero.

Y Laura, en su cápsula, espera ser liberada de su soledad… A través de la “única” posibilidad que los seres humanos actuales creen: la muerte.

En medio del teatro, un domingo frío, se siente uno más solo cuando hay otras diez personas. Aunque, debo decir que me gusta escuchar a las viejitas ‘pelimoradas’ escandalizarse con las escenas, que por demás, son de un amor extraño. Y, a media película, el primer beso entre los protagonistas.  Y el último.

No quiero arruinar el final para nadie, pero el asesino no es el mayordomo. Salí del cine, una noche fría, de domingo, sola la calle, sola la gente. Y ‘Sebas piensa en un bus’ que esta columna se demoró quince días y debió ser sobre Alejandro González Iñarritu, pero que esto de la soledad humana no pertenece a un solo autor.

Además de pensar, Sebas lee un librito de cuentos de Rubem Fonseca titulado ‘Ella y otras mujeres’. No apto para misóginos ni casamenteros.

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